Ojo al dato

 

La histeria de los magnates de las grandes compañías de música va en aumento. El siguiente texto ha sido recogido de un CD recientemente publicado por un artista archiconocido de Madrid:

“Esta grabación y su parte gráfica están protegidas por las leyes de propiedad intelectual. Utilizar servicios de Internet para distribuir música legalmente protegida, distribuir copias ilegales de discos o entregar discos a terceros para que los copien es ilegal y no apoya a todos aquellos que han participado en la creación de ésta música, especialmente los artistas. Realizar cualquiera de estos actos tiene el mismo efecto que robar música. La legislación en vigor establece duras penas para la reproducción, distribución y transmisión digital de grabaciones legítimamente protegidas”.

No sólo falta a la verdad declarando que pasarle el disco a un colega para que se lo grabe o compartirlo sin ánimo de lucro con otros en Internet es ilegal, sino que equipara la socialización de la música con el robo, en una pirueta del patetismo más espectacular y la alevosía más rastrera. Los tiburones afilan sus colmillos dispuestos a perseguir hasta el suicidio la irreversible revolución en el uso y la circulación de la cultura. Como ocurre usualmente con los políticos y las instituciones, las compañías y los funcionarios de la mercantilización de la cultura van muy por detrás de las multitudes anónimas con sus formas de vida.

Digo yo que ya va siendo hora de que los músicos y las bandas se pongan del lado del libre acceso a la cultura y planteen el problema político fundamental que subyace a los discursos del tipo “quien copia roba y hunde a los profesionales de la música”: la obtención de renta por parte de los artistas y el llegar a fin de mes ha sido un problema mucho antes de que surgiera el denominado “problema de la piratería” y similares. Tan problemático como pagar los abusivos precios que tienen los locales de ensayo, obtener apoyo público para grabar y distribuir sus discos, tocar en las cada vez más inexistentes salas de conciertos, etc. Pretender que los músicos puedan obtener la renta suficiente como para vivir de la venta de discos es absurdo: desde que la industria musical es industria, la inmensa mayoría de los artistas no sobrevive de la venta de sus discos. Solamente un grupo muy reducido de ellos logra vivir de los discos que vende, así como de los derechos de autor derivados de su actividad profesional. El problema político es evidente para los músicos: desligar de una vez por todas la venta de discos del problema de la obtención de renta y luchar por la conquista de un marco público de apoyo a la cultura y a los artistas semejante al existente en otros lugares de Europa. La propuesta de una renta básica de ciudadanía y las luchas e iniciativas de los trabajadores intermitentes del espectáculo en Francia, así como la agenda de los movimientos de precarios del viejo continente apuntan en este sentido.

Omnia sunt communia!

ruso.

1 comentario sobre “Ojo al dato”

  1. inwit dijo:

    Dioh, qué verdá máh grande, amiga!! Cómo se agradece encontrar personas convencidas de estas cosas! Qué alegría, Ruso! Bezoz!

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